Mientras dilucidamos si el problema por el que las Crónicas de Ámbar no
le llaman la atención a otroNick porque se trata de un tipo de fantasía
más proclive a gustarle al público masculino o porque no ha conectado
con el estilo o los personajes de Zelazny (una discusión realmente
interesante: muchas gracias por participar, en nombre de Círculo),
pasaremos a analizar el capítulo 3.
Cuando Corwin
despierta, su hermana no está en la mansión. La doncella le sirve el
desayuno y lo deja solo. Decide pasar el día en la biblioteca,
intentando documentarse acerca de lo que ocurre. Intenta averiguar a
qué se dedicaba él en su vida anterior, aquella de la que ya no se
acuerda. Ve un sable, y juega con él; definitivamente, sabe utilizarlo,
aunque sigue sin recordar por qué.
Inspecciona el cajón del
escritorio de Flora, y descubre una baraja de cartas. La caja tiene un
dibujo que Corwin reconoce al instante, aunque sigue sin saber de qué:
un unicornio blanco sobre campo verde, rampante, mirando a la derecha.
Los arcanos parecen vivos, como dispuestos a salir de las cartas.
La primera muestra a un hombre astuto, que se llama Random.
La segunda, a Julian, que no muestra pasión ni compasión. Lo odia.
Otra muestra a Caine, por quien experimenta sentimientos ambivalentes.
A
continuación, ve el arcano de Eric. Es hermoso pero lo teme: sospecha
que es el responsable de su amnesia y de su casi muerte.
Benedict le gusta, le inspira buenas sensaciones.
Después, Corwin se queda de una pieza: el siguiente arcano lo representa a él.
Continúa
mirando las cartas de la baraja, que le muestran a los varones Gérard,
Bleys y Brand, y las mujeres Flora (con quien está pasando esos días),
Deirdre, Fiona... Por cada uno de ellos experimenta diferentes
sensaciones, desde la simpatía y el amor hasta el miedo y el odio.
Las
cartas son frías, pero lo que le causa mayor desasosiego es el saber
que faltan cartas. Y la certidumbre de que todos aquellos son sus
hermanos, y la duda de qué le ha sucedido a los familiares cuyas cartas
han desaparecido.
Recuerda otra palabra: Ámbar. La siente
con mucha añoranza, como si fuese algo que le perteneciese hasta lo más
profundo de su ser.
Suena un teléfono, y descuelga. Su
interlocutor es Random. Aunque está en California, le promete que
tomará el primer vuelo que salga hacia Nueva York. Le solicita
protección a Corwin: lo están siguiendo, corre peligro. Corwin le sigue
la corriente, sin saber muy bien qué ocurre, ni si debe confiar de él o
no. Sólo una palabra acude a su mente: Ámbar.
Corwin fuma
compulsivamente, por la ansiedad. Cuando llega Flora, ella comenta que
el camino a Ámbar es difícil, como si eso explicase su ausencia, y
ambos toman un whisky. Flora se enoja cuando Corwin le comenta que ha
abierto su baraja, y que faltan arcanos. Flora entiende que la acción
de Corwin, mientras manipulaba las cartas, le ha bloqueado a Flora el
acceso a Ámbar, y que por eso ella no ha podido hablar con Eric acerca
del regreso de Corwin. Flora lo considera una jugada astuta por parte
de Corwin, quien no entiende absolutamente nada, pero pone cara de
póker para que ella no descubra que padece de amnesia y, por tanto, es
frágil.
Flora le dice que está exiliado de Ámbar. Corwin le
dice que no. Ella le replica que, en tal caso, él vive en las Sombras
de manera voluntaria, lo cual lo convierte en un loco. Por último,
Flora le ofrece todo su apoyo contra Eric. Cree que Gérard y Benedict
pueden sumase a la causa, aunque el apoyo de Bleys puede ser más
difícil. Eric, Bleys y Corwin son los únicos hermanos que tienen algo
de cerebro, dice Flora. Suena el timbre. Flora se asombra cuando
Corwin le dice que debe de ser Eric, a quien Corwin le ha ofrecido toda
su protección.
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La sensación
de misterio y desconcierto va en aumento. Corwin es una persona que
responde de manera intuitiva a una serie de situaciones que entrañan
riesgo para su integridad física: sabe, de una manera tan genérica como
nosotros, que es mucho más de lo que él recuerda, que está en peligro,
que tiene que manejarse con mucho cuidado y que está inmerso en una
trama que implica a todos sus hermanos, no sabe muy bien con qué
finalidad. Aparecen nombres de manera recurrente, como Ámbar y las
Sombras. Y ni Corwin ni nosotros sabemos qué pasa exactamente, pero
nuestra ansiedad aumenta.
La baraja con los arcanos, además de
ser uno de los elementos fundamentales de la serie, acrecienta el
interés del lector. Son tan reales que parecen personas, y merece la
pena detenerse en la descripción que Zelazny hace de los diferentes
personajes, porque nos será de gran utilidad a lo largo de la serie. Lo
que más nos impresiona, igual que a Corwin, es ese verse a sí mismo
como personaje de una baraja, como carta dotada de supuestos poderes,
como personaje que va más allá del propio ser. Hasta ese momento,
Corwin no ha sido plenamente consciente del papel que desempeña en esta
historia. Nosotros, tampoco.
La conversación con Flora, en la
que ella le da a entender que no ha podido entrar en contacto con Eric
porque Corwin estaba interfiriendo en su comunicación, es otro momento
interesante.
El personaje de Random (aleatorio, al azar,
en inglés) promete ser realmente interesante, y su presumible aparición
al final del capítulo parece ser la garantía de que la trama dará un
giro y ganará en intensidad.