El capítulo 1 de La daga se titula "El gato y los olmos".
Nos
presenta a Will Parry, un niño de doce años que lleva a su madre
enferma a la casa de la señora Cooper. Necesita dejarla allí unos días,
mientras él se va. Le asegura a la señora Cooper que sólo será unos
días.
Will sale de allí, y va a su casa. Vive en una urbanización compuesta por doce casas. Le pregunta a su gato Moxie si
ha regresado la gente que lo está siguiendo. Se sirve judías de lata.
Suena el teléfono. No contesta. Entrada la noche, siente cómo unos
intrusos entran en la casa. Forcejea con uno de ellos, que cae en mala
posición y muere en el acto, con el cuello partido. Will sale huyendo.
Sabemos
que Will es consciente de que su madre es diferente desde que él tenía
siete años. Los niños se reían de ella. Su madre parece padecer
esquizofrenia. Cuando le pregunta por su padre ausente, su madre
siempre es esquiva: se ha marchado. Era John Parry, oficial de la
Marina Real. Ha desaparecido en el Ártico, en el transcurso de una
expedición. Will quiere ocultar la situación de su madre, para que no
se lo lleven los servicios sociales. Pero desea con más fuerzas saber
algo acerca de su padre.
Los hombres aparecen poco tiempo antes
del comienzo de la acción de la novela. La madre de Will tenía algo que
contarles, dicen. Registran en el dormitorio de ella. Se aprovechan de
que ella no los denunciará porque, en tal caso, la policía repararía en
su estado y le quitarían la custodia de Will, que supone que buscan
cartas de su padre.
Descubrimos que Will está en Oxford. Huye a pie. En un rincón de la carretera ve un gato atigrado, como Moxie...
o como el gato de Cheshire. Hay algo entre ellos que le resulta
invisible a Will. El gato da un paso al frente y desaparece. Es como si
alguien hubiera cortado una especie de cuadrado de aire, de un metro de
ancho, junto al borde de la carretera. Will sabe que lo que se ve más
allá de la ventana es otro mundo. Cruza el umbral, y sale a lo que
parece ser otro Oxford, sólo que en vez de olmos, son otros los árboles
que crecen allí. Hace calor y huele a mar. Parece más un lugar
mediterráneo o caribeño. Busca al gato, sin encontrarlo. Entra en un
bar, y lo primero que hace es comprobar qué moneda tienen en aquel
lugar. Se llama corona. Se lleva una botella del bar. Escucha el romper
de las olas en el paseo marítimo. Se baña en el mar. Está delicioso. La
ciudad está vacía, lo cual lo aturde.Busca comida. Entra en una casa.
Algo lo ataca, o más bien sale despavorido cuando él entra: es una niña
de su edad. A su lado, un gran gato montés, con el pelo erizado. La
niña se presenta como Lyra Lenguadeplata, y tampoco es de esa ciudad.
Lyra le pregunta por su daimonion. Will no sabe de qué le habla, y se
asombra cuando ve a Pantalaimon cambiar de forma. No, no tiene ningún
demonio, responde. Lyra se asombra más que él: para no tener daimonion,
parece muy vivo. Coinciden en que no están en sus respectivos mundos, y
las reglas son diferentes. Lyra no ha visto a nadie en los días que
lleva en la ciudad. Le confiesa a Will que está buscando el Polvo. Como
Will no sabe de qué habla, declara que tiene hambre. Entran en la
cocina del hotel. Lyra está maravillada con lo que hay allí: nunca
había visto una nevera. Ni una lata de Coca-Cola. Eructa con estrépito.
Lyra no conoce la tortilla, ni las judías cocidas que Will prepara. Ni
los abrelatas.
Mientras cenan, Lyra le cuenta que ha llegado a
ese mundo caminando. Le dice a Will que él tiene un daimonion, pero
dentro de él. A Will le maravilla que Lyra hable siempre en plural:
Pantalaimon y ella. Y Lyra se admira cuando Will habla de Oxford. Ambos
tienen un Oxford en su mundo, y provienen de él. Dado que ambos hablan
en inglés, tiene que haber más similitudes entre sus mundos. Lyra
quiere conocer la ventana en el aire que ha traspasado Will. Lyra no
está muy de acuerdo con que tenga que fregar los platos, aunque Will
haya cocinado: en su mundo, eso lo hacen los criados.
Lyra
intenta fregar los cacharros como puede, coge otra Coca-Cola y saca el
aletiómetro. Cuando ella le pregunta si Will es amigo o enemigo, el
aletiómetro responde: "Asesino". Esa respuesta la tranquiliza de
inmediato, pues la hace sentirse tan segura como con Iorek Byrnison.
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El
primer capítulo es magnífico, y contiene uno de los momentos más
maravillosos y divertidos de la serie: el "primer contacto" entre Lyra
y Will. Resulta divertidísimo comprobar las diferencias y similitudes
entre los mundos de ambos, a través de sus comentarios. El primer
contacto de Lyra con la Coca-Cola tiene un equivalente en el
descubrimiento de que los daimonions pueden estar dentro de uno mismo.
Con todo, el mejor momento es la consulta de Lyra al aletiómetro y la
extraña paz que invade a Lyra cuando se entera de que Will es un
asesino. Muy típico de Lyra; tanto como su renuencia a fregar los
cacharros, porque esas son cosas de criadas.
Will se muestra
como una persona eminentemente práctica para su edad. Y Lyra parece
estar mucho más desubicada fuera de su mundo. Parece tener menos
iniciativa que en la primera entrega de la serie.
La química entre Will y Lyra parece que va a deparar buenos momentos.