Después de la interesante charla con Laura Gallego que tuvo lugar estos días en el foro, comenzamos la lectura compartida de su novela recién aparecida en Círculo, La Emperatriz de los Etéreos (2007).
Laura comentó en su charla que uno de sus libros fetiche es La princesa prometida, de William Goldman, y lo cierto es que el inicio de La Emperatriz de los Etéreos
tiene cierto parecido con el de la adaptación al cine de la novela de
Goldman: la irrupción del oyente impertinente. Si en el inicio de la
película de Rob Reiner, el niño interrumpe la narración del cuento que
le está contando su abuelo, en La Emperatriz de los Etéreos es Bipa, una niña de siete años, la que interrumpe la narración oral de Nuba, la madre de Aer.
En
efecto, la novela comienza como los cuentos de "érase una vez". Se nos
habla de la Emperatriz, que habita más allá de los Montes de Hielo y de
la Ciudad de Cristal. La Emperatriz vive en un palacio deslumbrante
cuyas torres tocan las nubes; ella es bella e inmortal, y en su palacio
no se pasa frío ni hambre, ni hay sufrimiento.
En este punto,
Bipa, una niña impertinente, interrumpe la narración que Nuba le está
contando a los nueve niños que viven en las Cuevas. Bipa cree que la
historia es mentira, porque fuera de las Cuevas no hay nada, excepto
frío y soledad. Uno por uno, desmonta todos los argumentos por los que
el palacio de la Emperatriz es deseable. Aer, el hijo de Nuba, se
encara con Bipa: ¿Cómo puede ella saber que no hay nada fuera ? Aer es
un niño delgaducho y más claro que los demás. Aer declara su intención
de ir al palacio de la Emperatriz. Bipa no entiende para qué; además,
su madre quedaría muy triste. Con ello, corta de raíz la discusión:
todos saben que la madre de Aer se había marchado de las Cuevas y nunca
había regresado; se supone que murió de frío en los Montes de Hielo.
Con
ello sabemos algunos detalles del mundo exterior. Sabemos que hace un
frío espantoso, que el invierno va a más, y que fuera de algunas Cuevas
es imposible vivir. En su interior, los hombres y mujeres han
conseguido crear un hábitat relativamente acogedor, pero siempre con el
frío como elemento central de sus vidas. Esto se traduce en la reacción
de los niños para zanjar la discusión entre Aer y Bipa: llevarle a Nuba
una infusión caliente y una manta. Nuba está sola, excepto por su
pequeño Aer, y la reacción de sus vecinos es de solidaridad. El
funcionamiento de la vida en las Cuevas es, pues, casi tribal.
Sobre Nuba sabemos que es cálida y dulce (nuevamente, el calificativo
que marca la diferencia alude a los elementos, y a la oposición 'frío'
/ 'caliente'. Ella cree en los Montes de Hielo, la Ciudad de Cristal y
la Emperatriz, de modo que su cuento no es un cuento propiamente dicho,
sino algo que para ella tiene un significado real. Bipa no lo
interpreta así, y cree que ello es negativo para Aer, porque, aunque
Nuba no se vaya a atrever a salir de las Cuevas (es frágil y está
desprotegida), Aer sí puede hacerlo cuando sea mayor.
En este
momento aparece Topo, el padre de Bipa, con una de sus frases
recurrentes: "¡Qué frío hace! Más que ayer, pero menos que mañana", lo
que nos da a entender que el invierno que se vive allá fuera es crudo,
y que va a más. Si en Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin,
el lema de los Stark es "Se acerca el invierno", en esta novela sería
"El invierno ya está aquí... y no tiene visos de alejarse".
Topo
está enamorado de Nuba y la corteja a su manera, con pequeños detalles
sobreprotectores; pero sabe que su amor es imposible, porque Nuba sigue
enamorada del padre de Aer. De modo que la protege y tiene detalles con
ella. Se hace el remolón para quedarse hasta el final, y ser el último
en irse, cuando todos los oyentes del cuento se van a sus casas.
Aer
y Bipa siguen discutiendo, y tiene un incidente que marca la relación
futura entre ellos. Topo obliga a Bipa a disculparse por haber
insultado a Aer, y la deja sin cena por ello, pero Bipa se niega, a no
ser que Aer se disculpe antes (pues él ha empezado por llamarla tonta a
ella); es más, dice que ella no cenará, pero que Aer tampoco debería
hacerlo. Su antipatía hacia Aer crece.
Años después, ambos son
adolescentes. No tienen una hostilidad abierta, pero no se llevan bien.
Bipa es el paño de lágrimas de las otras chicas en edad casasera de las
Cuevas, que están invariablemente enamoradas de Aer. Éste se ha vuelto
un jovencito atractivo, y Bipa nunca les da esperanzas: siempre insiste
en los defectos de Aer. Digamos que se comporta como una
anti-Celestina, típicamente adolescente.
Bipa es una
adolescente seria, responsable, trabajadora, pragmática hasta la
exasperación, que no coquetea con niños y se dedica a tareas prácticas,
como vigilar los rebaños de reses ciegas, unos bichos lanudos a los que
suele guiar hacia el interior de la cueva, buscando pastos de musgo con
los que se puedan alimentar.
Aer ha crecido con cabello y ojos
marrones claros, lo que contrasta con el resto de los habitantes de las
Cuevas. Es más alto y guapo que ellos. También es rebelde,
independiente y extravagante, está lleno de ideas que escandalizan a
Bipa.
Podríamos decir, en este punto de la novela, que Bipa
representa lo seguro y la tradición, mientras que Aer representa la
imaginación y la novedad. Más adelante veremos que no es exactamente
así, pero es un buen punto de partida. Por expresarlo en términos
actuales, Bipa es una adolescente realista y asocial, y Aer es un
adolescente friqui y asocial.
Una mañana, Bipa conduce al
rebaño cueva adentro, en busca de nuevos pastos. Y ve unas pinturas
rupestres. Al principio cree que son simples manchas, pero no tarda en
distinguir las figuras. Parece una escena de cacería, en el estilo de
las pinturas rupestres paleolíticas. Todas las figuras llevan un
círculo rojo sobre sus cabezas. Bipa se pregunta qué será.
Mientras está observando las pinturas, oye un ruido. Hay alguien en esa cueva, además de ella.
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El
comienzo del capítulo nos muestra, como ya hemos dicho, un cuento
dentro de la narración. Bipa interrumpe la narración que se nos estaba
contando al principio, y nos presenta su mundo.
La ambientación
puede recordar a las novelas "prehistóricas" de Jean M. Auel, pero la
organización social de las Cuevas, así como el cuento sobre la
Emperatriz, nos permiten suponer que ha habido una regresión
tecnológica, producto del frío reinante en el exterior. El asunto no
llega a desarrollarse en profundidad, pero sabemos que el invierno que
se vive no es algo "natural".
El cuento de la Emperatriz nos
remite a la importancia de la narración oral: Nuba es un personaje
querido y respetado en la comunidad, entre otras cosas debido a que es
quien le cuenta las historias a los niños.
Las personalidades
de Aer y Bipa se están prefigurando en este primer capítulo. Sabemos
que el primero será soñador e idealista, y la segunda, realista y un
tanto sociópata; ya vemos que es el tipo de persona que prefiere decir
la verdad a toda costa, aun al precio de hacer daño, algo que repetirá
a lo largo de la novela.